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En el Nombre de Dios, el
Misericordioso, el Compasivo
LA QUINTAESENCIA O EL INTERIOR PROFUNDO DEL ISLAM:
ALGUNOS
ASPECTOS DEL SUFISMO
DENOMINACIÓN
La voz sufí parece derivar, según algunos maestros del camino lo han explicado, de la raíz sûf, (lana), aludiendo al hábito con que vestían los sufíes como muestra de desapego del mundo. A los ascetas errantes árabes se los llamaba también los pobres (en árabe faqîr, pl. fuqarâ), y en persa derviches (darvîsh).
“El sufismo empezó con el Profeta de Islam –Bendiciones y Paz sean sobre él (BP)- como una realidad sin nombre”, explican unánimemente los maestros de la Vía.
En la eclosión inicial de la Revelación Islámica, todo estaba contenido en un solo corpus vivo, el Profeta (BP) mismo. Y sólo el tiempo y las tendencias analíticas así como la especialización de los conocimientos en el curso del surgimiento de la civilización islámica determinaron posteriormente, como con las demás ciencias islámicas, una gradual presencia ‘nominada’, es decir, que apareciera el nombre ‘sufismo’ para indicar un aspecto esencial, extraordinario, de lo que trajo el Profeta (BP) mismo.
Por tanto, tras un período de presencia espontánea y difuminada en las tierras del Islam, con realidades aún innominadas, la vía de la purificación de corazón (el eje del sufismo), junto con el crecimiento y desarrollo de los vocabularios de las demás ciencias islámicas, fue siendo gradualmente objeto de estudios, tratados y un auto-reconocimiento cada vez más patentes. Tras figuras en esta línea como el Imam al Qushayri, el Imam Junayd o el sublime expositor Imam al Ghazzali, la presencia dentro del mundo sunnita de lo que se pasó a conocer ahora técnicamente con el nombre de agrupaciones de sufis se observa por ejemplo en Iraq en el siglo VIII, en Bagdad y El Cairo en el siglo IX, y posteriormente el influjo renovador de la espiritualidad de la mano de los sufíes sunnitas pasa a ser una realidad por todo el mundo islámico, desde Irán (en aquel entonces esencialmente sunnita) hasta el Hindustán o la India islámica, y desde el Magreb hasta Anatolia y Al Ándalus.
La ascética y mística sufí (o simplemente sufismo) parte esencialmente del ejemplo establecido por el Profeta del Islam, el Profeta Muhammad, y por sus Compañeros dedicados intensamente a la oración y el desapego, conocidos algunos de ellos como Ahl as Suffa o la Gente del Banco.
Hoy en día, por la influencia poderosa del materialismo en el mundo, hay por desgracia muchos musulmanes que se han separado de esta ciencia islámica de la purificación, el sufismo, y hay muchas mezquitas donde incluso se niega –en el colmo de la falsificación de la historia- que el sufismo sea genuinamente islámico.
Las consecuencias de esta innovación, de esta separación del sufismo, pueden verse en la dolorosa realidad de muchos musulmanes que en vez de purificarse de las calamidades a que nos lleva el imperio del ego, han caído en esas tendencias y dan a sus conductas justificaciones 'en nombre del Islam'. Nada más lejano al ejemplo de pureza y luz sin par traído por nuestro Profeta (BP) y sus Nobles Compañeros.
Situación que ocurre, bajo formas muy diversas, toda esta época. La época del olvido de la espiritualidad, el descreimiento hacia la magnitud real y sublime de lo espiritual, y la primacía del ego.
EJES DEL SUFISMO
Por diferencia con la época actual, y bebiendo de la explosión espiritual que nos trajo el Mensajero de Dios, su amado Muhammad (BP), la espiritualidad del sufismo hace énfasis a la vez en la acción, la contemplación y la oración, buscándose:
- un estado de acción de sinceridad perfecta, modelado sobre la base del Sagrado Corán y el ejemplo del Profeta del Islam, que Dios le bendiga y le conceda inmesa paz, a quien los Conocedores sufis (arifbillah, o gnósticos en el sentido etimológico) conocen como el Príncipe de los Conocedores o la Luz de la Vía hacia Dios. Por tanto, se le sigue en lo que amaba tanto como en lo que rechazaba, en lo que practicaba como en lo que ordenaba que no se hiciera;
- un estado de contemplación por el cual no se vea en todo sino la huella de Dios, las luces de Dios;
- un estado de oración o más propiamente 'Recuerdo de Dios' (dhikr) perpetuo, sin cesar, que atraviesa grados, empezando por el dhikr de la lengua, para llegar al dhikr del corazón, seguido del dhikr del secreto, dhikr del secreto del secreto, y así hasta varios niveles cada vez más originarios del dhikr, hasta llegar al dhikr más allá de toda categoría y de toda conceptualización, en la zona más honda de la huella eterna del espíritu, anegado por Dios.
Los grandes ejemplos de espiritualidad islámica fueron esparciéndose a lo largo del mundo musulmán y, con el correr del tiempo, frente a un fenómeno paralelo de decaimiento del nivel espiritual de las personas, las agrupaciones de personas dedicadas a seguir la pureza del Islam original se fueron conocimiento como maestros sufíes o cofradías o tarikas sufis dentro del propio mundo sunnita al cual nunca dejaron de pertenecer.
Una de sus grandes figuras iniciales radicó en Basora (Hassan al-Basrî, muerto el 728), y otros vivieron en Medina y en la Meca, con un llamado que preconizaba el amor y la bondad de Dios (Al-láh) y el sometimiento completo, en cuerpo, alma y espíritu, a Su Voluntad, lo que llevaba, en los casos de pureza modélica, a experimentar la cercanía 'más cercana que la vena yugular ' (según una frase del Sagrado Corán) de la Presencia Infinita de Dios, frente a la cual el ser humano queda aniquilado como la nada frente al Uno.
La organización de los sufíes en cofradías o fraternidades (tariqas) de personas que frecuentaban las enseñanzas de un maestro sufi alcanzó un punto de desarrollo institucional notable en el siglo XII.
En la actualidad, las vías (tariqas) u 'órdenes' sufis más expandidas en todo el mundo son la qadiri y la naqshbandi, aunque hay muchas más.
El sufí recorre, a través de etapas sucesivas, los diversos estadios espirituales de purificación del ser hasta lograr el sometimiento pleno a la Voluntad de Dios del amante sincero de Dios. Es indispensable la guía de un maestro, o "director espiritual" (murshid), quien ya ha recorrido las estaciones espirituales y ha llegado a la realización espiritual, a fin de guiar al discípulo por el largo sendero de la lucha contra el ego (nafs).
Las experiencias de los grandes maestros sufíes han inspirado una buena parte de la lírica y la narrativa islámicas.
DICHOS Y HECHOS
EXTRAORDINARIOS DE ALGUNOS MAESTROS SUFIS
Los hombres santos sufis narran haber recibido, por gracia de Dios, estaciones espirituales que provocan el asombro y desconcierto de quienes se acercan al estudio del sufismo.
Sin embargo, todo maestro sufi siempre ha señalado que buscar las estaciones en sí mismo es alejarse de ellas, pues la única búsqueda debe ser la complacencia de Dios.
Asimismo, si bien muchas veces han sido instrumentos de hechos extraordinarios que la Divinidad opera a través de ellos, todo maestro sufi siempre ha señalado que la búsqueda del poder de obrar milagros es una razón para alejarse de la vía, y que todo milagro (karamat) que pueda ocurrir sólo debe venir exclusivamente por mandato de Dios, o de Dios a través de una orden que le dicte a un maestro el Profeta Muhammad, y nunca por deseo propio.
Algunos dichos y hechos de Shah Bahauddin Naqshband (1317-1388), maestro consumado de la espiritualidad islámica del que recibe su nombre la tariqa naqshbandi, pueden servir como una muestra de las ocurrencias en la vía por las que atraviesan los maestros sufis. Las experiencias de la intimidad de los maestros con Dios se muestra con todo bajo una gran diversidad, pero el común denominador indica una intimidad del siervo para con su Señor, claramente por encima de la de un creyente común.
Como enseña Allah, glorificado sea, en el Sagrado Corán, Él eleva a unos siervos por sobre otros no en razón a sus orígenes sociales, erudición, riqueza o raza, sino únicamente por el grado de temor, humildad, sinceridad y entrega para con Dios que muestra su siervo. Y nadie puede poner límite al Poder de Dios y, por tanto, a os regalos que Él. glorificado sea, le desee conceder a sus siervos especialmente amados.
Shah Bahauddin dijo, acerca de una experiencia de su juventud, al principio mismo de su ingreso en el camino espiritual:
"Un día estaba sentado con un amigo en reclusión cuando los cielos se abrieron y tuve una gran visión y escuché una voz que decía, '¿Acaso no te basta con abandonar todo y venir a nuestra presencia solo?' Esta voz me redujo a un estado de temblor, obligándome a huir de esa casa. Corrí a un río y me arrojé en él. Lavé mi ropa y recé dos ciclos de oración (salat) de una manera que nunca había rezado antes, sintiendo que estaba rezando en la Divina Presencia.
Todo se abrió para mi corazón en un estado de remoción de los velos. El universo entero desapareció y no supe de otra cosa que no fuese rezar en Su Presencia.
En el principio de mi estado de atracción, se me había preguntado, '¿Por qué vas a ingresar a este Camino?' Yo respondí: 'Para que cualquier cosa que yo diga y cualquier cosa que yo quiera ocurra.' Se me respondió: 'No será así. Cualquier cosa que nosotros digamos y cualquier cosa que nosotros queramos será así.' Yo dije: 'No puedo aceptar eso. Se me debe permitir decir y hacer lo que yo quiera, de lo contrario no quiero este Camino.' Luego recibí la respuesta: 'No, cualquier cosa que nosotros queremos que se diga, y cualquier cosa que nosotros queremos que se haga, es lo que se debe decir y hacer.' Una vez más dije: 'Lo que yo diga y lo que yo haga es lo que debe ser.'
Me dejaron sólo por 15 días hasta que me sobrevino una tremenda depresión. Finalmente escuché una voz que dijo: 'Oh Bahauddin, cualquier cosa que quieras, nosotros te la otorgamos.' Yo me alegré y dije: 'Quiero un Camino que conduzca a cualquiera que lo atraviese directo a la Divina Presencia.' Experimenté una gran visión y escuché una voz que decía: 'Se te otorga lo que has pedido.'"
En otras ocasiones, Shah Bahauddin Naqshband (qs) narró algunos acontecimientos extraordinarios que le ocurrieron.
Así por ejemplo, relata lo siguiente:
"Un día salí con Muhammad Zahid al desierto. El era un discípulo veraz y teníamos un pico con el cual cavábamos. Mientras trabajábamos con el pico, discutíamos tan profundos estados de conocimiento que terminamos arrojando el pico a un costado e ingresamos en profundidad al tema de conocimiento espiritual. Profundizamos más y más hasta que la conversación nos condujo al tema de la naturaleza de la alabanza.
Él me preguntó: 'Oh mi shaykh, ¿hasta qué límite llega la alabanza?.' Yo dije: 'La alabanza llega a tal perfección que aquél que alaba tiene poder para decirle a alguien muere y esa persona morirá.' Al hablar yo estaba señalando, sin pensarlo, a Muhammad Zahid, y él inmediatamente cayó muerto. Estuvo en el estado de muerte desde el amanecer hasta el medio día. Hacía mucho calor. Yo estaba muy ansioso ya que su cuerpo comenzó a deteriorarse a causa del excesivo calor. Lo arrastré bajo la sombra de un árbol y me quedé contemplando el asunto.
Mientras contemplaba, una inspiración vino a mi corazón desde la Divina Presencia diciéndome que le dijera: 'Oh Muhammad, ¡vive!' Se lo dije tres veces. En respuesta a esto, su alma lentamente ingresó a su cuerpo y la vida lentamente volvió a él. Gradualmente volvió a su estado original. Fui a mi shaykh (maestro) y le conté lo que había ocurrido. Me dijo: 'Oh hijo mío, Dios te ha dado un secreto que no le ha dado a ningún otro.'"
Otro maestro sufi, Sheij Alauddin al-Attar, narró de Shah Bahauddin Naqshband (qs) lo siguiente:
"En una oportunidad el rey de Transoxiana, Sultan Abd Allah Kazgan, vino a Bukhara. Decidió ir de caza alrededor de Bukhara y mucha gente lo acompañó. Shah Bahauddin Naqshband estaba en una aldea cercana. Cuando la gente se fue de caza Shah Naqshband fue a la cúspide de una colina y permaneció allí sentado.
Mientras estaba allí sentado entró a su corazón el pensamiento de que Dios había dado un gran honor a los santos. A causa de ese honor, todos los reyes de este mundo deberían inclinarse ante ellos.
El pensamiento aún no se le había ido del corazón, cuando un caballero con una corona en la cabeza como la de un rey, se acercó a él y desmontó su caballo. Con gran humildad saludó a Shah Naqshband y permaneció en su presencia de la manera más amable. Se inclinó ante el shaykh pero el shaykh no lo miró. Lo mantuvo de pie durante una hora.
Finalmente Shah Naqshband
lo miró y le dijo: '¿Qué haces aquí?' El dijo: 'Soy el rey Sultan Kazgan. Salí
a cazar y olí un aroma hermoso, lo seguí hasta aquí y te encontré sentado en
medio de una poderosa luz.' El hecho de haber pensado 'todos los reyes de este
mundo deberían inclinarse ante los santos' se había vuelto realidad. Es así
como Dios honra los pensamientos de Sus santos".
INTIMIDAD HUMILDE CON NUESTRO CREADOR Y SEÑOR
Uno de los santos y maestros sufis que más impacto han tenido sin duda en los últimos siglos de la historia del sufismo es el Imam Ahmad Faruqi as-Sirhindi (1563-1624) (qs), otro de los grandes shaykhs naqshbandis, conocido como el Renovador (Mujaddid) del segundo milenio del Islam, según un hadiz o dicho de nuestro Profeta (BP) que avisó que al principio del siguiente milenio del Islam vendría un renovador especial para volver a las gentes hacia el camino puro del Sagrado Corán y la Sunnah o Práctica Modélica del Profeta (BP).
El Imam Ahmad Faruqi as-Sirhindi (qs), poderoso defensor de la pureza de las prácticas del Islam en su época, y de la necesidad de apegarse con firmeza plena al Sagrado Libro y la Sunnah o ejemplo del Profeta (BP), renovador del ímpetu del Islam en el Hindustán, narró por ejemplo en cierta ocasión lo siguiente:
"Acompañé hoy a uno que alcanzó el fin de los fines, el polo espiritual de todas las criaturas, el perfecto ser humano, Shaykh Muhammad al-Baqi. A través de él yo recibí increíbles bendiciones. Por su bendición se me otorgó el poder de atracción que me permitió alcanzar a cada ser humano que Dios había creado. Se me honró con la obtención de un estado que combina el estado del fin, con el estado del principio. Yo logré todos los estados de búsqueda y alcancé el fin, lo cual significa alcanzar [-en la visión y contemplación, sin dejar la realidad de ser un siervo sometido-] el nombre de ar-Rabb (el Sostenedor), por el apoyo del León de Dios, asad Allah, 'Ali ibn Abi Talib, que Dios ennoblezca su rostro.
Fui elevado al estado del Trono, que es la Realidad de la Verdad del Profeta Muhammad, por apoyo de Shaykh Shah Bahauddin Naqshband; luego fui elevado más alto [-en la visión y contemplación, sin jamás poder ser superior al Profeta Muhammad mismo- (BP)], al estado de la Belleza que es el estado de la Verdad de los polos espirituales de Muhammad [-los Polos o Walis de rango único en sus épocas que reciben directamente en sus corazones luces desde el Profeta Muhammad- (BP)], por apoyo del espíritu santo y puro del Profeta [BP].
Fui apoyado por Shaykh Alauddin al-Attar del cual recibí los estados de los más elevados polos espirituales de la presencia de Muhammad. Luego el cuidado celestial de Dios me atrajo y ascendí a un estado que está más allá de los polos espirituales, el estado original especial. Aquí [una realidad fuera de toda categoría, purísima, de contemplación y aniquilación ante Dios Supremo y Altísimo] el apoyo del Gran-Intercesor, Abdul Qadir Yilani [uno especialmente favorecido, entre otros, con Conocimientos y estaciones aún más sublimes que el de los Polos por concesión del Profeta Muhammad (BP) hacia él], me empujó hacia el estado del origen de los orígenes.
Luego se me ordenó que volviese a descender, y mientras descendía pasé por los otros 39 Caminos espirituales (tariqas sufis) que existen aparte de las tariqas Naqshbandi y Qadiri. Vi los estados de sus shaykhs. Ellos me saludaron.
Arrojaron sobre mí sus tesoros y todos sus conocimientos privados, que revelaron sobre mis realidades que nunca habían sido reveladas a otra persona en mi tiempo. Luego en mi descenso me encontré con Khidr [el santo inmortal iniciador de otros santos en el conocimiento gnóstico, mencionado en el Sagrado Corán] y él me adornó con el conocimiento espiritual antes de alcanzar el estado de los polos espirituales.".
El Imam Ahmad Faruqi ar-Rabbani (qs), tras sus experiencias espirituales, narra haber llegado al estado de la completa sumisión y cercanía a Dios, a través de la completa sumisión y cercanía al Profeta Muhammad (BP), a cuyo camino, como quien sigue el polvo de los pasos de un gigante, se adhirió interna y externamente en estado de plena pureza.
Las elevadas experiencias espirituales narradas a veces por los maestros sufíes ocurren a un siervo que está completamente entregado, en humildad y servicio impecables, al Señor Dios. Y Dios otorga estas gracias inmerecidas como recompensa a sus siervos amados.
Siguiendo la "vía" (tarîqa) de un maestro (Shéij o, como también se escribe, Shaykh), se puede llegar a una estación espiritual donde el 'ojo' contempla al Ser Supremo, frente al cual toda la Creación es 'menos de una mota de polvo suspendida en la nada', lo que técnicamente se ha denominado en el lenguaje del sufismo como "el aniquilamiento de sí mismo en Dios" (fanâ).
Una estación espiritual que ha sido descrita como la culminación verdadera del estatuto ontológico de 'Representante de Dios', Khaliphatullah, en la tierra, con un rango logrado superior en gnosis y estaciones espirituales a la de los mismos ángeles, ya que los ángeles por su naturaleza no pueden transgredir los mandatos de Dios, pero el hombre ha recibido el secreto de acercarse a través de una elección y un esfuerzo de purificación a la sumisión veraz y plena.
Una estación espiritual del amor desbordante y universal.
Ibn Arabi (qs), uno de los más grandes maestros sufíes, escribió, por ejemplo:
“Por Dios, que siento tanto amor que parece como si los cielos pudieran partirse en dos, las estrellas caer y las montañas huir, si yo los obligara a cargar con él. Tal es mi experiencia del amor.
“Sin embargo, Dios me reafirmó en esta experiencia del amor, a través de la fuerza que he heredado del ‘señor de los amantes’ (el Profeta Muhammad – BPP)”
Escribió asimismo:
“Sean todas las alabanzas
para Dios, quien creó el amor (al-hawâ), un santuario al que dirigen su
camino los corazones de todos los hombres cuya formación espiritual está
completa, y una Ka'ba circunvalada por los secretos que hay en los pechos
de los hombres refinados de espíritu.”
OCÉANOS DE CONOCIMIENTO

Mawlana Sheij Nazim, gran maestro de la orden naqshbandi, descendiente del Profeta del Islam y de Jalaluddin Rumi. En numerosas oportunidades ha hablado desde su propia experiencia acerca de las realidades espirituales del sendero hacia Dios.
Un elemento que diferencia al sufismo islámico del 'misticismo' entendido en su sentido emotivo y religioso habitual, es que el cultivo de la vía es una ciencia o 'ílm', la ciencia de las estaciones del corazón y de la lucha contra el nafs, cuyos maestros dominan con las correspondientes técnicas espirituales para permitir que el discípulo avance en el proceso.
Asimismo, a diferencia del misticismo, quien tiene en definitiva 'la llave' del discípulo es el Maestro perfecto, sin restar en absoluto el esfuerzo poderoso que le corresponde al discípulo, ya que en el orden espiritual lo superior sólo puede provenir de lo superior, y nunca de lo inferior (uno mismo aún en proceso de purificación y sometimiento imperfecto a Dios); y es el Maestro quien, en el orden de lo superior, mantiene conexión espiritual viva e ininterrumpida con el Maestro de los Maestros del sufismo, el Profeta Muhammad mismo, que la bendición y la paz sublime de Dios sea con él en desbordante medida, de cuyas luces beben todos los grandes santos sufíes. A esta conexión de transmisión del conocimiento espiritual desde el Profeta mismo se la denomina 'silsila' o vía ininterrumpida de transmisión.
Otro elemento que caracteriza al sufismo y lo diferencia de los estados habituales de los místicos es la ciencia de la gnosis, o la ciencia del conocimiento por excelencia, contemplativo, de orden totalmente superior a los meros estados psicológicos. La gnosis de Allah (ma'rifatullah) misma atraviesa estados y requiere condiciones, que los grandes maestros sufis deben conocer para poder llevar a sus discípulos a través del sendero de lo Real.
Como ‘ilm o ciencia, las realidades espirituales de los maestros sufíes son asimismo en cierto sentido intersubjetivas, a diferencia de los estados meramente místicos, que sólo son conocidos por el místico que los experimenta.
Son muy numerosos y frecuentes en la larga historia de la espiritualidad islámica los casos de estos conocimientos y visiones intersubjetivas entre los maestros sufíes, que después han sido confirmadas 'pasada la visión' entre los que la compartieron incluso si, desde el punto de vista terrenal, ambos maestros sed conocieron físicamente sólo después de la visión. Algo que descarta la simple 'ilusión psicológica' o 'auto-hipnosis'.
La gnosis implica asimismo un conocimiento de la religión de naturaleza muy especial, un conocimiento especialmente puro. De modo que el maestro sufi se convierte en conocedor preeminente del Camino hacia Dios traído por el profeta Muhammad (BP) y en seguidor fiel del Profeta mismo, de quien recibe las luces de la santidad y la gnosis.
Por ejemplo, en el caso de la comprensión del Sagrado Corán, cada gran maestro sufi tiene un nivel de conocimiento del mismo que descubre muchos conocimientos allí contenidos que sólo el espíritu sincero recibe como un regalo de Dios.
Grandshaykh Abdullah
al-Faizi ad-Daghestani (1891-1973), conocido como el Sultán de los awliya (o los
santos de Dios) de su época y el Gran Maestro de Mawlana Shaykh Nazim al Haqqani,
dijo una vez, en referencia a nueve muy grandes awliya de toda la historia del
Islam:
"Ellos recitan el Corán
no como lo hacemos nosotros, que lo leemos de principio a fin, sino que lo
recitan con todos sus secretos y realidades internas. Porque Dios ha dicho:
'wa la ratbin wa la yabisin illa fa kitabin mubin [Sagrado Corán
6:59]'. 'No hay nada húmedo o seco que no esté inscrito en un libro claro'. No
hay ninguna de las creaciones de Dios en todos los universos creados que no
haya sido ya mencionado, con todos sus secretos, en un Libro Claro, el Corán
... Allah ha puesto en cada letra del Corán doce mil conocimientos
distintos.
Ciertamente, nadie puede poner límites a la profundidad de una palabra verdadera proveniente del mismísimo Creador (el ASagrado Corán), Señor Infinito y sin par en su Sabiduría y Gloria. Sólo quien cree que sus propias limitaciones son las limitaciones necesarias de todos los demás podría rechazar la posibilidad de una realidad de ese tipo.
Los propios Grandes Maestros sufis, sin embargo, no obstante las estaciones espirituales y el conocimiento o gnosis que pueden recibir por gracia de Dios, señal siempre que todo lo que el más grande de ellos recibe no llega a ser una gota en relación a un océano, siendo el océano, en la comparación, el conocimiento o gnosis místico-espiritual que tiene de Dios el Profeta Muhammad mismo (BP), el Líder de los Mensajeros de Dios, la paz sea con todos ellos.
Cuando los grandes maestros han 'visto' sin velos la realidad espiritual del Mensajero de Dios, Sayyidina Muhammad, afirman haber han comprendido la realidad de su primacía y de su rango único e insuperable, original y mediador.
Y todos enseñan, asimismo, que la Realidad que se le muestra al Mensajero y Amado de Dios, Sayyidina Muhammad (BP), con todo lo inmensa que es, y con todo y recibir siempre más y más gracias y dones de su Señor, no es más que apenas una gota frente a los Océanos Ilimitados que el Señor, Allah, glorificado sea, tiene de Sí Mismo.
Nadie jamás puede asemejarse a Allah, el Uno Absoluto, ni decir que le ha comprendido o conocido enteramente, pues, de principio a fin, el Señor es el Señor, y el siervo es el siervo.
Glorificado sea Dios, el Único y Eterno.
Wa min Allahu Tawfiq – Y de
Dios proviene el auxilio.
Tarika Nakshibendi Hakkani
del Perú
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Vínculo recomendado:
Lectura de profundización
20 Preguntas y Respuestas sobre el Sufismo (abre un documento word):
http://www.islamperu.org/