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LA DOCTRINA ISLAMICA - EN QUE CREEMOS LOS MUSULMANES
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Bismillahi Rahmani Rahim En el Nombre de Allah, el Más Misericordioso, el Más Compasivo ¿Qué es la Doctrina Islámica? Es la información que como parte de la Revelación nos ha sido comunicada por Dios a través del Sagrado Corán o a través de la inspiración perfecta de Dios a Su Mensajero el Profeta Muhammad, las bendiciones y la paz de Dios sean con él, a fin de informarnos de las realidades más importantes de esta vida y de la Otra, y poder realizar nuestra plenitud asumiendo el servicio a Dios, glorificado sea. La Doctrina, por tanto, es Sagrada y Verdadera, a diferencia de toda especulación, hipótesis, teoría, ideología, pensamiento o construcción mental de los individuos, sin importar cuán inteligentes o eruditos sean. La Legislación Islámica (Sharia) es la Norma Divina para nuestras acciones. La Doctrina ('Aqida) es la Verdad Divina para nuestro intelecto. Y Norma y Verdad, Ley y Creencia, cuando son recogidas en el corazón (Ikhlas o Pureza), con aceptación y sinceridad, abren a nuestro espíritu las puertas de su perfección: no hay otra perfección más que la de entregarse como siervos a Dios, el Soberano de los Mundos, el Misericordioso, glorificado sea. ¿Cuáles son las doctrinas fundamentales del Islam? Por tanto: Declaramos que existe un sólo Dios, Al-lah, glorificado sea, Quien no ha tenido comienzo ni tendrá fin, es infinito y de infinitas perfecciones, Único y Uno, no necesita de nada ni de nadie, distinto y radicalmente superior a todo lo creado, no hay nadie en la Creación que se Le asemeje; no tiene padre ni madre, ni hijos o hijas; Todo Poderoso, Él es el Único que se Conoce a Sí Mismo entera y absolutamente, y Conoce todo en su Creación, y se comunica con su Creación, Ve todo de manera divina, Oye todo de manera divina, y nos Habla, con un Habla siempre Eterna, según su Voluntad. Creemos y es evidente que nos ha enviado Mensajeros, eligiendo a éstos de entre nosotros, y aceptamos la verdad traída por todos los Mensajeros. Cada uno es plenamente veraz, digno de confianza y transmisor de todo lo que se la ordenado transmitir. Cada Mensajero es infalible en la enseñanza del Mensaje, pues el Mensaje le viene de Dios. Aceptamos, por tanto, todos los Libros Sagrados que han traído los Mensajeros, pues todos vinieron con la Verdad. Ha sido el ser humano el que, después de ellos, ha distorsionado las escrituras sagradas, añadiendo o quitando de ella según sus ideas y conveniencias, o perdiendo con el tiempo el Mensaje y las revelaciones. Y por ello Allah, glorificado sea, envió al último de Sus Mensajeros, el Sello final de todos, el Profeta Muhammad, la bendición y la paz de Dios sean sobre él, con la última Revelación dirigida para todas las naciones. Y Dios mismo asumió la garantía de la inviolabilidad e integridad para siempre del Sagrado Corán, el último Libro revelado, aquel que, a diferencia de los anteriores, se ha preservado intacto tal cual fue revelado. Dios cumple Su promesa. Creemos en los ángeles, siervos de Dios incapaces de desobedecerLe, distintos a los seres humanos; no son ni hombres ni mujeres aunque asuman formas para manifestarse ante nosotros, y reciben encargos de diverso tipo de parte del Creador. El arcángel Gabriel, la paz sea con él, ha sido siempre el encargado de transmitir las Revelaciones desde Dios a los Mensajeros. Todo ángel es veraz. Nuestro espíritu fue creado ante Dios, hecho de luz; todos nosotros estuvimos delante de nuestro Sublime Creador. Nuestra creación ocurrió mucho antes de la historia que conocemos o podamos conocer. Y desde Él hemos sido enviados en el momento y lugar exactos que correspondía a cada cual, para vivir por una única vez en este mundo, a fin de que se atestigue por nuestras obras y las intenciones de nuestras obras, la verdad sobre nosotros mismos. La muerte es inevitable. Todo ser humano probará la muerte en este mundo. Tras la muerte, nuestro espíritu subsiste en una realidad distinta y paralela a este mundo. La muerte retira los velos de la vista. Y vendrán en ese momento a interrogarnos dos ángeles, acerca de nuestra vida y nuestra relación con Dios. Y conforme a la vida que hayamos llevado, unos empezaremos a atestiguar y a experimentar felicidades inmensas mientras que otros recibiremos un castigo severo. Nuestras obras son una realidad en sí mismas, y este mundo oculta su realidad de nuestra vista, para que así nuestra sinceridad o desobediencia quede atestiguada, sin duda, en el paso por esta vida. Todo lo que conocemos llegará a su fin. Y entonces vendrá la majestad inevitable del Día del Levantamiento y de la Rendición de Cuentas. Todos resucitaremos físicamente en nuestros cuerpos para concurrir al Juicio Divino y todas nuestras obras serán pasadas en la Balanza. El Paraíso y el Fuego del Infierno, y los goces de uno y los castigos del otro, son ambos reales, dramáticamente reales, tan reales que frente a ellos este mundo es una pequeña sombra oscura y borrosa. En el Día del Juicio, y ante la evidencia, por delante, de la realidad del Paraíso y del Fuego que nos anunciaron los Mensajeros, habrá frente a nosotros un puente tendido, que se extiende por encima del precipicio en cuyo fondo está el Fuego, para cruzarlo hacia la morada de la Felicidad Eterna. Unos lo cruzarán. Otros caerán. Ese día terrible, que ha sido anunciado y constituye una promesa divina, durará para algunos, los siervos más puros de Dios, apenas un momento; y para otros será tan prolongado que parecerá interminable. Y cuando llegue su momento, Dios hará que la muerte misma muera. Y ante el fin de la muerte, temeremos unos por el dolor eterno, y otros ansiaremos la dicha eterna, que nadie puede describir plenamente en lengua humana. Y habrá siervos de Dios, apiadados de sus hermanos, que intercederán ante Dios por la salvación de otros. El primero en resucitar, y el primero en interceder, aquel al que se la ha prometido la intercesión más extensa y la oración más aceptada, será el más siervo de los siervos de Dios, Su amado el Profeta Muhammad, la bendición y la paz de Dios sean sobre él. Y después de él, otros Mensajeros y otros siervos fieles de Dios pedirán también por sus hermanos. Y sólo Dios concede el éxito. A la Comunidad de sus Creyentes que sean admitidos al Paraíso, el Profeta Muhammad, la bendición y la paz de Dios sean sobre él, le ofrecerá de beber de su Estanque, concedido por Dios como obsequio a Su Amado Mensajero, y jamás volverá a tener sed aquel que beba. Y aquellos que sean admitidos a la morada de la felicidad eterna, conocerán, por encima de aquella dicha que jamás pudieron concebir plenamente, un segundo Paraíso. Paraíso sobre Paraíso: la visión directa de Dios Altísimo, glorificado sea, ante lo cual todo lo demás parecerá nada. El creyente que haya desobedecido a su Señor, podrá estar en el Fuego desde un corto tiempo hasta un tiempo inmenso, según lo que su Señor vea por Justo a la vista de la desobediencia cometida. Y Dios promete escuchar el arrepentimiento mientras estamos en este mundo de prueba. Pero quien tenga fe, incluso más pequeña que un grano de mostaza en su corazón, si ha caído en el Fuego, terminará siendo admitido, por misericordia gratuita divina, en algún momento, cercano, lejano o muy lejano, en el Paraíso donde todo dolor se olvida. Dios es Soberano Absoluto en los Cielos y en la Tierra. Y no cae siquiera una hoja de un árbol sin que Dios haya dado Su permiso para ello. Todo ocurre por Su Decreto, y en todo lo Divino hay siempre Sabiduría. De Él venimos, y a Él volvemos. Wa min Allahu Tawfiq |